martes, 29 de diciembre de 2009

RETORNO A LA ATLANTIDA


En esta época vacacional, "findeañera" y jaranera por excelencia no apetece mucho leer fichas de gramática, así que he pensado dedicar algunas entradas a algo más ligero: los referentes clásicos en las obras maestras del noveno arte... o tebeos, que decían nuestros padres.

Aunque hay muchísimo material y el tema de la Antigüedad clásica parece estar de moda (especialmente en los siempre impresionantes álbumes que nos llegan del país galo), no quería acabar el año sin traer uno de mis autores favoritos y a sus héroes más conocidos: Las aventuras de Blake y Mortimer de Edgar P. Jacobs, en concreto, su álbum EL ENIGMA DE LA ATLANTIDA, publicado en 1955.

Blake y Mortimer son la perfecta
síntesis del espíritu británico (aunque no son ingleses, como aparece a veces por ahí, ya que Mortimer es escocés y Blake galés), un elegante y flemático –pero valiente- agente secreto y un técnico nuclear más pasional e inclinado a meterse en berenjenales. Como la calidad del héroe se mide por la de sus enemigos, no podemos olvidarlos del archienemigo -a dedicación completa- de la pareja, el malvado Olrik (inspirado curiosamente en el propio autor, bigotito incluido).

Sus aventuras se mueven dentro del género policial y de espías, pero no se excluye la ciencia ficción e incluso el mito clásico, como en el caso de este álbum, una "puesta al día" del inmortal mito platónico de la ciudad que fue destruida a causa del pecado más grave (y casi el único) que podían concebir los griegos: la ὕβρις.

El álbum está divido en dos partes. Desde el comienzo hasta la llegada a la ciudad sumergida asistimos a una maravillosa (gracias al arte de Jacobs) reconstrucción del mundo verniano de Viaje al centro de la tierra. En el fondo, al igual que en la novela original, se trata de una recreación del mito iniciatico del descensus ad inferos, presente en toda la mitología griega ya desde la Odisea.

A partir de la llegada a la ciudad de Poseidópolis, capital de la isla de la Atlantida, entramos en el terreno de la ciencia ficción con una estética delicosamente retro con el inconfundible estilo Buck Rogers (1923), en cuyos cómics, estoy seguro, se empapó bien Edgar P. Jacobs. Todo ello, claro, aliñado con las peripecias y maquinaciones bizantinas que no pueden faltar en una ciudad heredera del espíritu griego.

En cuanto al arte de Jacobs ¿qué se puede decir? Se trata del máximo representante de la denominada línea clara, sólo superado –en mi opinión – por el insuperable Hergé. Curiosamente, Jacobs fue alumno y colaborador del creador de Tintín. Varios de los álbumes del sanote reportero (mejor dicho, las segundas versiones que Hergé hizo de ellos) fueron mejorados por el trabajo de documentación y los fondos realizados por Jacobs (la maestría en la realización de fondos de los álbumes de Jacobs es ya proverbial). También es curioso mencionar que Blake y Mortimer se empezaron a publicar... ¡en la revista de Tintín! En definitiva, Jacobs es tanto un artista como un artesano (un τεχνίτης, que dirían los griegos) que sabe unir sencillez, detalle, gracia y dar un toque clásico e intemporal a su estilo.

En cuanto a las referencias clásicas y no tan clásicas en el álbum, son tantas que prefiero que os animéis a leer vosotros mismos el libro para descubrirlas: arquitectura, idioma, oricalco, cataclismos y demás, sí... pero también, el acoso de los bárbaros a la ciudad ¿podría estar inspirado en el famoso sitio de Constantinopla? y el hecho de que el cataclismo final sea provocado por los bárbaros en vez de por un dios airado ¿tal vez reflejaría el reciente trauma de esa Europa que acababa de sufrir la espantosa experiencia nazi? ,la magnífica escena de la solitaria torre de vigilancia ¿no recuerda aquellas torres gemelas que mantenían a raya a la barbarie en El señor de los anillos de Tolkien (curiosamente, publicado el mismo año) o incluso a la escena del cuerno de Roldán?, el tema de la huída al espacio ¿no será una intuición de aquella moda de Recuerdos del futuro y demás obras extravagantes de Daniken que estaban al llegar?...

En fin, un álbum que, como todos los clásicos, se presta a lecturas y relecturas... que siempre son nuevas lecturas.

Para terminar, aquí os pon
go algunas imágenes...


Tras las huellas de Arne Saknussemm



Un salto de fe...



Recepción en el mégaron.



Problemas en el paraíso.



Visto y no visto. El fin de Atlántida según Jacobs... incluida la novedad del momento (el hongo atómico)



Buck Rogers, mon amour.



Atenea observa el καταποντισμός definitivo. Al fondo, el palacio de Cnoso.



Las ruinas de Atlantis, sic transit...



ἔρρωσο... y ojo, recordad que los bárbaros siempre esperan ante portas! :)
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4 comentarios:

cmaguirre dijo...

¡Magnífico! Yo con Jacobs me vuelvo loco. ¡Pondría cada viñeta suya en un marco! Su arte me gusta incluso más que el del mismo Hergé. Otro de mis autores favoritos de linea clara es Peyó, al que le ha pasado un poco como a Segar (el de Popeye), que sus personajes -los pitufos- le han arrebatado la fama, pero los albumes de Joan y Pirulit y los originales de los pitufos son geniales, no solo por el dibujo, sino también como historias redondas.

Esperamos con impaciencia la pegatina clásica de Blake & Mortimer :D

cmaguirre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
cmaguirre dijo...

Por cierto, que acabo de recordar que el profesor Mortimer leía el griego clásico como quien lee un tebeo -y de un papiro, para más inri: en Le Mystère de la Grande Pyramide-, lo cual no deja de ser un poco sorprendente en un físico nuclear, pero ya se sabe, esa educación Victoriana... ;D

Sito Yelás dijo...

Hergé o Jacobs... difícil elección. Prefiero no entrar a contarte hasta dónde llega mi frikismo con Tintín, a ver si van a leer esto mis alumnos y me pierden el respeto :) :).

Peyó es genial, sí. todavía conservo como oro en paño todos los álbumes que editó Bruguera allá por los 80. Recuerdo que el de La Pitúfisima era una sátira muy graciosa de la revolución francesa aunque, en general, eran todas historias que derrochaban imaginación.

Muy bueno lo del papiro :), es curioso, el que aparece en la portadilla con el título no es un "fake", sino un texto griego verdadero ¿no?... al menos, se entienden muchas palabras. Jacobs se curraba lo de la documentación, deσde luego.
χαῖρε.